Mientras más pasaba el tiempo más me convencía de que no dejaría que se marchara. Era perfecta: El cabello negro desaliñado, tez blanca con aspecto porcelanizado, en sus mejillas durazno había pecas juguetonas, aquellas le daban aspecto infantil.
- ¿Por qué me miras así? Interrumpió su charla.
- Vámonos de viaje, te invito a Venecia. Contesté. mientras encendía un cigarrillo.
- ¿Venecia? Preguntó entre risas nerviosas. Pero hace poco menos de una hora que me conoces.
- No importa. Para mi es suficiente.
- Venecia… dijo quedamente. ¿Cómo dos enamorados?
- Si, justamente así.
- Tendrás que quererme mucho, mimarme de vez en cuando.
- Lo haré
- No sólo eso, también me abrazarás en las noches mientras observamos las estrellas y me susurrarás al oído palabras de amor.
- También seré quien te despierte con un beso y un te quiero, quien te lleve el desayuno a la cama, aquel que hará vibrar tu corazón con una mirada, quien le brinde una caricia a tu alma…
Entonces extendió su mano y ansiosamente dejo escapar una pregunta
Entonces extendió su mano y ansiosamente dejo escapar una pregunta
- ¿Jugamos?


1 comentarios:
Haria todo eso y mas, no por el viaje, sino por la compañia...
'n_n'
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